No todo el café colombiano necesita ser audaz para ser inolvidable. Algunos orígenes te conquistan por su claridad, equilibrio y honestidad. Eso es Cundinamarca.

Cultivado en Pacho, Cundinamarca , a unos 1650 metros sobre el nivel del mar, este microlote proviene de la Finca La Pepita, del caficultor Luis Alejandro Núñez de la Asociación de Caficultores de Pacho. Durante más de 20 años, las familias de la zona han cultivado café no solo como medio de vida, sino como un compromiso compartido con su comunidad. Este lote es 100% trazable, lo que significa que puedes rastrearlo hasta una finca real, productores reales y una cosecha real.

El clima es templado y húmedo, y el suelo es volcánico con hierro natural. Los cafetos crecen a la sombra entre cafetales, lo que permite que las cerezas maduren lenta y uniformemente. Este lote se elabora con la variedad Castillo y se procesa mediante un método tradicional de lavado. Tras un día de fermentación, los granos se secan en camas elevadas, conservando así su claridad y dulzor.

En taza, este café de especialidad colombiano es suave y equilibrado. Sentirás el dulzor de la caña de azúcar, notas cítricas vibrantes y suaves matices florales. La acidez es limpia y vivaz, sin ser áspera. Con una puntuación SCA de 86, cumple con los estándares internacionales para café de especialidad, a la vez que es accesible y fácil de disfrutar.

Lo que hace memorable a este café no es la complejidad por sí misma. Es la transparencia. El cuidado. La disciplina discreta tras cada paso. Este microlote refleja su lugar y propósito. Es café colombiano con trazabilidad, elaborado con intención y cultivado por familias que entienden que la calidad comienza mucho antes del tueste. Si buscas café de especialidad colombiano y quieres un origen que ofrezca claridad, dulzura y autenticidad, descubre Cundinamarca en nuestra tienda y experimenta el verdadero origen de su taza.